Infinidad de cuestiones se debaten en ese trascendental momento de la noche, primero la notoria arbitrariedad que socava nuestro entendimiento, porqué ese paparulo y no yo, uno se interroga tristemente al ver la patética imagen de cuidacoches que tiene el paparulo ése, la evidente mendicidad que practica por módica paga, quisiera uno creer que.
Y allí, justamente, radica un intríngulis demoledor: uno casi quisiera ser ese pobre tipo, ese paparulo que se aguanta terrible meo o toma powerade citrus para no ir a buscar tinto, por no pararse nomás, de lo cartera que sabe que obviamente sería si dejara su preciada ubicación; casi desearía uno ser el paparulo ése que se ufana por contribuir a la conversación que la rubia lleva sobre la última de woody allen, las arrugas que hasta él le ve a la Roberts o el misterioso fin de la hermosa pareja que hacían ema
y lu.Se apaga la noche y uno, perdedor obstinado, cada tanto relojea, un poco a la rubia, porque como que no, y otro poco al paparulo que, entonces, suelta su peor personaje, su duende del mal, cuando le agarramos al aire ese cruel bostecito, lento, trabajado, sufrido tantas veces, que nos indica todo o, sobre todo, la puerta de calle, en casi un por qué no se van yendo, negrito, estamos filtrados, mientras, con la derecha, frota y entibia el brazo de la rubia, aclarando que ella se queda, claro, y que todo eso que nos morimos por hacer lo va a hacer él, solito, el paparulo.
Hay varios remates posibles, todos arrancan mirando el espejo del ascensor, acomodándote el pelo; ya abajo, la mayoría continúa desmereciendo a la rubia esa que estaba al lado del flaquito de negro, linda pero medio pelotuda, tira uno, dejame, loco, no paraba de hablar, dice otro, sin que haya uno que, en silencio, no imagine lo bien que la debe estar pasando el paparulo, sin más certezas que las nulas chances que tuvo nadie de pelearle algo a alguien que es capaz de encontrarle arrugas hasta a Julia Roberts.
leandro pecora / jun 2008

1 comentarios:
Hermosa descripción de una noche de "perdedor" de esas que todos tuvimos alguna vez. Me hace bien leerte. HUGO
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