el aire

como que ya se cae pero sin embargo no, no se cae nada, se queda, se mantiene, en la puntita de algún pie o en ese poco soplido que lo sostiene se mantiene, raramente se equilibra, y sí, es un segundo, nomás, lo que dure esa magia etérea que hace que el castillo sea castillo y los naipes sus ladrillos mejores, bloques y mamposterías infinitas, mientras ya no necesito pruebas de que hay algo en mis manos que de cerca es argamasa y de lejos pico destructor, maravilloso acertijo de distancias buenas y malas, de algún calor y frío míos con el que las brasas se convierten en fuego o en piedras, como vos en una porquería o un estallido de flores, mientras ya es ruego que no suene el timbre y me lo tire a mi castillo, de tan paradito que está que es un gusto, si casi uno quisiera vivir ahí dentro, si está hecho de un montón de sutilezas en equilibrio, con lo que cuesta, aunque nada, en realidad, si los ladrillos soy yo, si la argamasa es toda mía o me la presta alguien que me dice tomá, tomá.
leandro pecora / set 08

3 comentarios:

Mercedes dijo...

Estos días todos nos sentimos un poco un castillo de naipes...pero menos poético y alado que el tuyo!

¿Acabaremos viviendo en el aire, del aire?

Un saludo inseguro!

leandro dijo...

Habría que pensar cómo sería eso, puede estar muy bueno!
Un saludo, Mercedes!

Lola dijo...

Ojalá que (como dijo un poeta) si lo postran diez veces se levante, otras diez y otras cien y otras quinientas su castillito de sutilezas, que mientras se mantiene en pie se parece tanto a lo que algunos han dado en llamar felicidad. Un saludo cariñoso.