
Estará, en cambio, que siga o que deje, ligado, justamente a lo que uno le tira, a su calidad, a su cantidad, a su tenor, a su rigidez, a su seriedad? Y así, si no tomáramos tan en serio nuestras afirmaciones, nuestros juicios, si concluyéramos menos, si dejáramos de tomar como universal la arbitraria parcialidad de lo que recibimos a través de nuestros sentidos, si no les creyéramos tanto, en definitiva, no sería ya papel mojado lo que a la nena y sus tijeras editoras, o ladrillos secos a la pequeña arquitecta y, entonces, por fin, la editora, la arquitecta, de vuelta nena simpática?
O no sabemos, en la piel, en lo no tangible, que si uno no le tirase “mi”, “querer”, “caca”, no podría nunca armar la frase sola ni tendría motivos para hacerlo o que para qué tirarle a que pegue un “te quiero” que no sabe ni comprende si ya se quiere, en la piel, en lo no tangible, porque qué nos tiene que decir la nena que no sepamos?
Y quién será éste que la mira a la nena?
leandro pecora / abr 09

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